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25 Julio 2008
Publicación "MENTIRAS"
EL SECRETO DE THORTON
Mayo de 1504. Monasterio de Santa Catalina. Egipto.
El calor abrasador del desierto había remitido hacía pocos minutos pero aún
podía olerse en el aire. La noche comenzaba a caer y millones de estrellas
tachonaban el cielo de pequeñas lucecitas parpadeantes. La ausencia de luna
hacía más sobrecogedora la visión de la bóveda celeste y cualquiera se
hubiera detenido a contemplarla durante un buen rato. Cualquiera excepto un
hombre envuelto en una túnica de color negro que le envolvía de pies a
cabeza para protegerse de los rigores de la intemperie. Caminaba apresurado
y a trompicones, sin poder mantener una línea recta, y con su mano izquierda
apretando firmemente el costado del mismo lado empapado en sangre. Era de
complexión pequeña, casi podía decirse que no había acabado de convertirse
en adulto a pesar de que ya había formado familia y tenido un descendiente.
Se detuvo frente a una edificación amurallada e iluminada en plena noche
por varias antorchas y golpeó en la puerta de acceso repetidas veces con las
escasas fuerzas que aún le quedaban. Suplicó en voz baja que alguien oyera
su llamada y esperó pacientemente sin que la herida del costado cesara de
sangrar ni por un instante. Una voz que provenía de las alturas le hizo
inclinar la cabeza.
-¡Quién va! –dijo la voz sin rostro.
-Suplico ayuda. Estoy herido y debo hablar con el abad del monasterio.
La voz permaneció en silencio durante un largo rato, cerca de quince minutos
que al hombre le parecieron eternos. Delante de él estaba el Monasterio de
la Transfiguración, conocido también como de Santa Catalina y se hallaba a
1.570 metros de altitud en el valle de Jetró, en la península del Sinaí.
Para llegar hasta allí había debido de superar a pie un camino empinado,
pedregoso y árido con una herida abierta que le debilitaba a cada paso que
daba. Sin embargo, nada ni nadie podía mermar su firme resolución de llegar
hasta el monasterio. Tenía poderosas razones para ello y si debía morir en
el intento lo haría gustoso.